Ankh-Morpork, capital de un universo por descubrir

Lara Padilla. Madrid, 14/03/2015.

El Mundodisco es un mundo muy particular. Este tiene forma de disco, es plano y se balancea sobre la espalda de cuatro elefantes que se sostienen sobre el caparazón de la gran tortuga Gran A’Tuin. Un mundo donde las reglas que conocemos no existen —o sí, pero a su manera—, donde se dan lugar extravagantes personajes y donde la sátira convive de buena gana con mitos y leyendas.

Si algo caracteriza al Mundodisco es que nunca será lo que uno se espera. Ni siquiera en su capital, Ankh-Morpork, uno sabe lo que se va a encontrar en la calle. Aunque la Guardia Nocturna pretenda protegernos siempre tendremos que tener cuidado con no meternos con los gremios, especialmente el de los asesinos. No vaya a ser que uno esté en su lista de tareas y al final lo que menos le preocupe sean las tasas de la ciudad. No, el Mundodisco no es predecible, estable o tranquilo.

Así como su estructura es caótica, mágica y desvergonzada, de esta misma manera ha de ser la forma en que conozcamos este universo: sin normas o pautas concretas. Uno puede enamorarse de un baúl con patas amante de las patatas fritas y capaz de encontrar a su dueño esté donde esté (“Rechicero”); o bien conocer cómo La Muerte se enfrenta a cada día de trabajo (“Mort”).

Quizás lo único que uno pueda aceptar sea un pequeño consejo: comenzar por donde se quiera y continuar con la serie de esos personajes. El resultado será el mismo: páginas y páginas de un humor único que a nadie deja indiferente; críticas extrapolables a cualquier ámbito cultural, social, político y científico; además de una serie de personajes únicos, irrepetibles y entrañables —a su inexplicable manera—.

Sin embargo, seguro que cualquier lector notará que algo ha cambiado los últimos días en la ciudad. Ya no es posible cruzar el Río Ankh andando. No se trata de una inundación cualquiera donde se puedan cerrar las compuertas para evitar la crecida. No. Este ha quedado inundado por las lágrimas de las cien mil almas —repartidas en un millón de cuerpos— que lloran la muerte de su creador.

El pasado jueves fallecía, en su casa y acompañado por sus seres queridos, Terry Pratchett a causa de la Atrofia Cortical Posterior —una rara variante de Alzheimer— que padecía. Finalmente, La Muerte vino a por él. No se trata de nada personal, es su trabajo y, como bien se sabe, poco se puede hacer al respecto. “Terry se aferró al brazo de La Muerte y le siguió a través de las puertas hacia el negro desierto de la noche eterna”.

Una bella despedida para un grandísimo escritor.

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