“Baby Driver”, el ritmo perfecto

“Baby Driver”, el ritmo perfecto

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Tania Sanz, Madrid 7/07/2017

Baby (interpretado por Ansel Elgort) es un joven prodigio al volante y se ocupa de la conducción del coche que debe trasladar a un grupo de ladrones de bancos durante el robo. De pequeño sufrió un accidente y necesita crear su propia banda sonora para centrarse en el trabajo; pero al conocer a Debora (Lilly James) querrá dejar esa vida atrás, llevándose sólo la música y a la chica.

Edgar Wright (Bienvenidos al fin del mundo) se encarga en este nuevo proyecto tanto del guión como de la dirección de la cinta y con Baby driver presenta una película enamorada del cine, de los pequeños detalles (sólo hay que fijarse que la cadencia de disparos sigue el ritmo de la música) y de las sutilezas que impregnan la producción: en la luz, el color y la música. Cada toma es un cuadro que enmarca a la perfección a los personajes con el cuidado y trabajado decorado, rematándolo con una sincronización de audio de premio. Hay que destacar esos dos planos secuencia del principio que bien podrían servir como videoclip (muy al estilo de OK Go) de cualquier grupo musical de hoy en día.

El comienzo del filme sienta las bases de toda la película pero sin hacerla pesada y, por poner alguna pega, es verdad que la segunda parte de la película pierde algo de ritmo y Kevin Spacey está poco aprovechado, pero aun así no deja mal sabor.

Baby Driver es un soplo de aire fresco en esta época llena de superhéroes y remakes de viejas películas, que aun con una historia ya contada, encuentra una manera única e imaginativa de narrar las peripecias de unos ladrones de bancos. Son dos horas de puro espectáculo cinematográfico que en este caso te hace moverte al ritmo de la propia cinta, porque quien más o quien menos se verá arrastrado por alguno de los temas musicales de la banda sonora. Sin duda una película para ver más de una vez en pantalla grande.

Crítica
Valoración
Tania Sanz
Licenciada en Comunicación Audiovisual y amante del cine y la fotografía. Le encanta viajar, la astronomía, las largas horas de lectura frente al mar y cualquier cosa que se considere como una experiencia artística. Un alma renacentista en pleno siglo XXI.

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