Birdman, esa película que gusta a todos menos a ti

BirdmanCarolina Villa. Madrid, 16/02/2015.

Pongámoslo así. Cuando tu amigo te invita al cumpleaños de ese amigo con el que no tienes nada en común, y decides ir. Pues una sensación parecida deja Birdman. Tú no dudas de que ellos se lo estén pasando bien, pero como no te metas en su juego mirarás el reloj cada 5 minutos.

Birdman es la historia de un actor que trata de recuperar su prestigio haciendo una obra de teatro en Broadway. Pocas opciones te deja el director Alejandro González Iñárritu. Como pasó con Drive (y con todos los respetos hacia la magnífica Drive) pertenece al género llamado “me amas o me odias”. No es una película que recomendarías a cualquiera.

Rodada en un único (y falseado) plano secuencia, Iñárritu hace un estudio profundo sobre egocentrismo y el orgullo que sufren muchos actores, sobre todo cuando se enfrentan al final de su carrera. Si decides amarla, las interpretaciones de Michael Keaton, Naomi Watts y Edward Norton te pondrán la piel de gallina. Saldrás riéndote con las bromas, admirado con las escenas valientes e inquieto tras la improvisada banda sonora.

Pero si decides odiar Birdman, puede que incluso salgas enfadado, criticando a esa gentuza del “mundillo farandulero”, que no hace más que mirarse al espejo y alimentar su egocentrismo. La historia te ha parecido interesante al principio y eterna después de media hora. El magnífico plano secuencia te ha mareado. La banda sonora, sólo comparable con tu vecino aprendiendo a tocar la batería, te ha levantado dolor de cabeza. No entiendes por qué no aparece el superhéroe ese que te habían vendido en el trailer, ni por qué usaron la canción ‘Crazy’ para promocionar la película, para luego martillear tu cerebro con los tambores de tu vecino. Las bromas dejaron de hacerte gracia porque te duele la cabeza, y no sientes ninguna lástima por el protagonista porque estás demasiado aburrido y, de paso, le has cogido manía.

Birdman es esa película que dices que te gusta ante amigos actores, pero que rechazas en silencio. Esa historia que sabes que está trabajada, pero que a ti no te gusta. Ese amigo que cae bien a todos menos a ti.

La conciencia artística de Birdman es como el urinario de Duchamp. Sabes que es valiente, pero nadie quiere colgar un retrete en el salón de su casa, ni ver esta película más veces. ¿Dónde está la innovación creativa de Birdman? Todo grabado en un solo plano falso, mientras la gente no para de hablar y moverse, ¿es que nadie ha visto La Soga? ¿Es innovadora porque va sobre la fama y el fracaso? ¿Alguien ha visto Eva al desnudo y otras tropecientas historias que van sobre lo mismo? Birdman es una película trucada, pasada de lista, y le falta seriedad para convertirse en buen clásico.

Puede que esté muy nominada a los Oscar. Puede que haya ganado algo. Puede que todas las críticas sean maravillosas. Pero sabes quiénes votan. La crítica ha alabado demasiado la originalidad de Iñárritu, y sólo por eso será recordada. Mientras que películas de verdad innovadoras de alguna manera, como fueron Lawrence Anyways, El único superviviente o Babadook, irán quedando en el olvido. Directores más honestos que, quizá, merecían más ese empujón de la prensa.

Birdman

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