“El cabaret de los hombres perdidos” se presenta en Madrid

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Lara Padilla. Madrid, 23/09/2015.

La sala de tatuajes “Capponi Tattoo Company” ha sido el lugar elegido para presentar en Madrid este transgresor espectáculo que se estrenará el próximo 20 de octubre en la sala verde de los Teatros del Canal. 

Ganador de dos Premios Moliére y seis Premios Hugo, “El cabaret de los hombres perdidos” se estrenó en el Teatro du Rond-Point de París en el año 2006 con un gran éxito de público y crítica. Antes de llegar a los teatros madrileños, este musical se ha presentado en ciudades como Viena, Varsovia o Buenos Aires, donde permaneció en cartel hasta octubre de 2014.

Albert Boadella, director de los Teatros del Canal, ha sido el encargado de presentar al equipo creativo y artístico que se ha congregado en el salón de tatuajes. El actor y dramaturgo barcelonés, quien se ha mostrado encantando con la programación de este espectáculo en la agenda de los teatros, afirmaba que los artistas, al fin y al cabo, están “para herir la sensibilidad de la gente” y esto se consigue gracias a un espectáculo donde prima “la provocación y la transgresión“.

Junto a él se encontraban Santiago Illundáin (productor ejecutivo), Víctor Conde (director artístico), Marc Álvarez (director musical), Jorge Roelas (adaptador del texto) y Amaya Galeote (coreógrafa), además de los protagonistas del musical. Ignasi Vidal (Destino), Armando Pita (Tatuador), Ferrán González (Lyllaby) y Cayetano Fernández (Dicky) han trabajado estrechamente con ánimo de fomentar la confianza y experimentar con ideas y personajes aprovechando la intimidad que otorga una compañía pequeña.

Lo que ha quedado claro es que “no se trata de un cabaret, un musical o una obra al uso”. Es, en palabras de Víctor Conde, “una obra faústica y shakerpeariana en un contexto de cabaret. Un drama contado con un lenguaje musical, con el espíritu de un cabaret y al cual se le ha dado una teatralidad nueva“.

Para este proyecto ha contado con algunos de sus colaboradores habituales como son Marc Álvarez y Amaya Galeote.  Desde la dirección musical se ha respetado mayormente la partitura original —en la que se mantienen los cuatro actores y el piano—, aunque se han realizado algunos cambios estructurales.

Por su parte, Amaya Galeote ha intentado alejarse de lo que es una coreografía de musical típica para acercarse a un estilo más contemporáneo donde se refleje la personalidad del propio actor. De esta manera, “se globaliza todo en un movimiento que fluye de principio a final” hasta el punto, matizaba Ignasi Vidal, de que “Amaya ayuda a encontrar matices en el personaje que no se veían al leer el texto“.

Víctor Conde también ha mantenido este precepto en la dirección artística amoldando el texto a sus protagonistas. Un texto, adaptado por Jorge Roelas, “que se aparta de todas las convecciones” y con el que se ha tomado alguna que otra licencia.

Un proyecto, comentaba Santiago Illundáin, que “empezó como una cosa pequeña que ha ido creciendo” hasta “convertirse en un proyecto maravilloso“. Un experimento, decía Víctor Conde, que merece “tener un escaparate potente” donde pueda ser visto por mucha gente sin quedar relegado a pequeñas salas o salas alternativas.

Se trata, básicamente, de una comedia que cuenta muchas cosas pero que, al final, no deja de contar el drama de una persona y cómo, a veces, no se puede prever las consecuencias de las decisiones que uno considera adecuadas.

 

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