“Fast & Furious 8”, puesta a punto para seguir en la carrera

“Fast & Furious 8”, puesta a punto para seguir en la carrera

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Tania Sanz. Madrid, 14/04/2017.

La entrega anterior quiso ser una buena despedida por parte de la franquicia al fallecido Paul Walker, quizás por eso y por diversos problemas de producción el resultado de esa séptima película estuviese por debajo de otras entregas de la saga; aunque, apelando al lado más sensible del espectador, consiguiese ser de nuevo un éxito. Y tras haberse instaurado la calma en la familia, “Fast & Furious 8 (The Fate of the Furious)” llega para desajustar todo ese equilibrio.

Dominic Toretto (Vin Diesel) tras volver a unirse al bando de los villanos junto a una hacker llamada Cipher (Charlize Theron) y desaparecer sin explicaciones, deberá enfrentarse a todos aquellos a los que una vez llamó amigos.

Esta vez vuelven a tomar el protagonismo los coches y las carreras (como se ve desde el minuto uno por las calles de Cuba) ajustando todo ese arsenal automovilístico a una trama que, de nuevo, mezcla pequeñas historias de películas anteriores. Las nuevas incorporaciones de personajes resultan acertadas, así como una mayor participación de Dwayne Johnson y Jason Stathan que añaden valor a la cinta por medio de sus artes en la lucha, pero también explotando su lado cómico.

Sabiendo de antemano que “Fast & Furious 8” es una película que prima más la espectacularidad y la adrenalina que puede crear en un momento concreto por encima de otros aspectos estéticos o técnicos de un filme, esta entrega sabe mantener al espectador atento y entretenido durante todo el metraje. Los seguidores de la saga pasarán por alto esas escenas algo irreales de sobra conocidas a estas alturas y disfrutarán de una de las mejores partes del mundo de “A todo Gas”.

Crítica
Valoración
Tania Sanz
Licenciada en Comunicación Audiovisual y amante del cine y la fotografía. Le encanta viajar, la astronomía, las largas horas de lectura frente al mar y cualquier cosa que se considere como una experiencia artística. Un alma renacentista en pleno siglo XXI.

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