En la fundación en el Centro Conde Duque de Madrid

En la fundación muestra simultáneamente un mundo ideal y una cárcel, explora los límites del ser humano y reflexiona sobre los mecanismos de supervivencia ante la tortura y otras situaciones de dolor y estrés extremo. Bajo la dirección José Luis Arellano García, la Joven Compañía acerca el clásico de Antonio Buero Vallejo, en versión de Irma Correa, a los estudiantes de secundaria y al público madrileño en general.En esta obra, se confunden las fronteras de la realidad y la ficción, de la cordura y la locura. Tomás comparte celda con otros compañeros; atormentado por el encierro y las torturas, hace uso de su imaginación para sobrevivir al tedio y la tristeza, a la muerte de sus compañeros, a la incomunicación. Así, su novia le visita todos los días y sus compañeros son universitarios y profesionales de diversos campos que visten de manera elegante y conversan mientras beben cerveza desde una habitación con unas vistas maravillosas. No obstante, tras haberle hecho entrar en razón y ver su situación en la cárcel, Asel, uno de sus compañeros de celda y amigo se pregunta si él y los demás son, en realidad, los locos.

Resultado de imagen de en la fundacion joven compañiaCinco personajes muy diferentes coexisten en un rectángulo de apenas unos metros cuadrados, surgen desconfianzas y peleas entre ellos mientras el mundo creado por Tomás se va desvaneciendo. La escenografía e iluminación, muy acertadas, marcan este proceso gradual de despertar al mundo real, también del espectador, en que premian los tonos oscuros y las ropas gastadas. Las puertas del baño y cocina se van cerrando, las tazas, las latas de cerveza, los paquetes de tabaco y el teléfono desaparecen, los que antes les servían se transforman en verdugos.

Tomás queda horrorizado ante el inodoro que todos comparten, en medio de la celda. Uno de ellos, Lino, se refiere al pudor y la intimidad como lujos que ellos no se pueden permitir. Tomás y sus compañeros de celda son seres a los que se deshumaniza constantemente, meros números. El uso del altavoz y de las vídeo proyecciones sobre la pared de la celda acentúan la sensación de control absoluto, de claustrofobia, recreando de alguna manera el panóptico de Bentham, el ojo que todo lo ve, resonando en nuestro presente, en la era de la telerrealidad y las nuevas tecnologías.

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Un elenco magnífico formado por ocho intérpretes (Óscar Albert, Álvaro Caboalles, Víctor de la Fuente, Jota Haya, Pascual Laborda, Nono Mateos, Juan Carlos Pertusa, Mateo Rubinstein y María Valero) entregados a transmitir los mensajes del texto de Buero Vallejo. En la fundación es constante revelación y sorpresa, una obra escalofriante, una reflexión comprensiva con el ser humano, sus contradicciones, su dolor y sus límites, un voto de confianza.

¿Cuánto puede aguantar el ser humano? ¿Quiénes son culpables e inocentes en la barbarie? ¿Perderá Tomás la esperanza de escapar? Asel se despide de Tomás invitándole a imaginar, a resistir, a creer, en un llamamiento cercano al mito de la caverna de Platón. Quizá la frontera entre un mundo ideal y una cárcel no sea tan nítida, tampoco para el espectador, quizá hemos de salir de una cárcel para después poder salir de otra.

La obra puede verse hasta el próximo 10 de noviembre en Conde Duque (Calle Conde Duque, 11, Madrid).

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