“Zuloaga en el París de la Belle Époque” en la Fundación Mapfre

Luca Lembo. Madrid, 18/11/2017. El 2017 parece un año dedicado a la celebración del intercambio cultural entre la capital española y su homóloga francesa: lo demuestra, entre otras, la exposición organizada en Madrid por la Fundación Mapfre, dedicada al artista vasco Ignacio Zuloaga, que fundió en su arte tradición española e innovación parisina.

“Zuloaga en el París de la Belle Époque, 1889-1914” pretende ofrecer al público un enfoque nuevo para acercarse a la obra del pintor de Éibar, que se suele normalmente vincular a la generación del 98 y presentarse únicamente como pintor de la España negra.

En realidad, Zuloaga vivió durante los 25 años anteriores a la Gran Guerra en el ambiente bullicioso y fértil de París, donde pudo relacionarse con Degas, Picasso y Rodin, con el cual mantuvo larga amistad.

Pese a que en París voces ilustres, como la de Émile Bernard, le señalaran entre los autores más influyentes de la época, en España no gozó de la misma consideración. A tal punto que su lienzo Víspera de la corrida no fue admitido en el pabellón español de la histórica Exposición Universal de París de 1900, considerándose que transmitía una imagen demasiado estereotipada del país.

El artista eibarrés rentabilizó su talento de retratista poniéndose al servicio de la adinerada burguesía francesa y realizó así obras impactantes como el Retrato de la condesa Mathieu de Noailles, casi un emblema de la estética del periodo conocido como Belle Époque.

Zuloaga mantuvo siempre una relación complicada con la herencia artística de su tierra de origen, vivía como un intelectual cosmopolita y se le pedía retratar temas ibéricos tradicionales. Se acercó al movimiento de los simbolistas y aprendió de Gauguin que la solución al problema de la búsqueda de autenticidad es un viaje lejos de la ciudad industrializada. Si Gauguin eligió tierras lejanas, para Zuloaga fue suficiente volver a su país y redescubrir sus raíces.

Entre otras cosas, redescubrió El Greco e impulsó su rehabilitación; se convirtió en el pintor de  la España negra, en el sentido de España castiza, misteriosa y trágica, en línea con la pintura del Siglo de Oro. Así produjo obras como el Retrato de Maurice Barrés, síntesis entre modernidad y tradición, o la Celestina que dialoga en esta misma exposición con la más célebre homónima de Picasso.

La muestra, comprendiente más de 90 obras, de Zuloaga y de otros artistas como Picasso, Toulouse-Lautrec, Rodin o Bernard, puede visitarse en la Sala Recoletos de la Fundación Mapfre hasta el 7 de enero de 2018.

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