La diplomacia a través del cine

Lara Padilla. Madrid, 05/06/2013.

Ayer se presentaba en la Casa Árabe de Madrid el libro “Cine y diplomacia” escrito por Amador Martínez Morcillo. En él, este embajador español de origen valenciano analiza la visión que el cine ha dado respecto del mundo diplomático a través de algunas de las referencias cinematográficas existentes.

“El congreso se divierte”, “El ídolo caído”, “Desaparecido”, “El discreto encanto de la burguesía”, “Emmanuelle” o la saga de películas del agente más conocido de la inteligencia británica son algunos de los títulos a los que Martínez Morcillo hace referencia en su obra,  junto a grandes figuras del cine como el mismísimo Cantinflas o Hitchcok .

A través de diferentes ejemplos, muestra el enfoque poco acertado que tiene el cine acerca de la diplomacia: embajadas vacías en horario laboral que se llenan sólo durante los bailes oficiales, embajadores poco dispuestos a trabajar, diplomáticos de dudosa inteligencia o, incluso, mandatarios dispuestos a maquinar los más disparatados planes.

Por otro lado, Martínez Morcillo recupera para su libro la figura del escritor, director y pintor español Edgar Neville, amigo y conocido de algunas de las grandes figuras de la generación del 27 y otros coetáneos. El autor comentaba que ha querido recuperarle tanto como cineasta como diplomático” para dar visibilidad a un personaje “injustamente olvidado tanto como artista como diplomático.

Asimismo, el autor reconocía que se había visto reflejado en algunas de las situaciones expuestas en los filmes: tener que refugiarse en embajadas amigas, destruir documentos o huir al tiempo que se escuchan cercanas detonaciones.

En el  libro también se hace mención a la película “Argo” como un ejemplo en el que el cine hace un retrato más conciliador de la escena diplomática. Sin embargo, se trata de un añadido escrito a posteriori ya que el libro se había terminado antes del estreno de la cinta.

Pese al tono distendido y el asomo de humor del que se hace alarde en el análisis de las películas y sus referencias al cuerpo diplomático, se trata de un libro serio manteniendo así la línea de sus anteriores publicaciones sobre temas jurídicos internacionales.

Durante la presentación del libro, el gran ausente fue el autor del prólogo de la obra y fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, quien compagina el Derecho con su pasión por el séptimo arte.

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