“La tortuga roja”: filosofía y trazos

3132617_n_vir3Manuel Martín. Madrid, 16/01/2017.

El prestigioso Studio Ghibli, de donde han brotado emblemáticas películas de animación japonesa de la talla de El viaje de Chihiro o La princesa Mononoke, ha hecho con La tortuga roja su primera coproducción extranjera (en este caso con Francia).

Dirigida por el holandés Michael Dudok de Wit (ganador de un Oscar a mejor cortometraje de animación), el estilo visual de La tortuga roja  recuerda al dibujo nítido, pulcro y de línea clara que caracteriza al cómic franco-belga: sencillo y de trazo preciso. La animación, como no podía ser de otra forma viniendo de un estudio como éste, es impecable y siempre adecuada al elegante tono general, tanto en las partes sosegadas de la película como en las más turbulentas.

Y así arranca esta minimalista historia: con una tempestad en el mar y un hombre que es arrastrado por las olas a una isla desierta en la que se verá atrapado.

La relación con la naturaleza, el amor, los ciclos vitales, el paso del ser humano por el mundo… son temas presentes en esta película casi zen que, sin diálogos, deja que el espectador aporte su interpretación a una fábula tan sencilla a primera vista.

Quizás el ritmo de la narración pueda llegar a resultar demasiado lento o monótono. Tal vez la historia se quede algo corta para los 80 minutos de duración. Sin embargo el magnífico final aporta un sentido profundo al conjunto y hace de La tortuga roja una experiencia nada desdeñable.

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