«Mauthausen. La voz de mi abuelo»: ¿Para qué sirve la guerra?

Pasar la tarde del domingo disfrutando de un espectáculo teatral siempre es una buena opción. Sobre todo, si la obra elegida es de unas características tales como Mauthausen. La voz de mi abuelo, la cual está siendo representada actualmente en Nave 73 y de la que se podrá disfrutar hasta finales del mes de marzo.

Si bien es cierto que los sucesos acontecidos en la Guerra Civil española y en la II Guerra Mundial han sido muy empleados por dramaturgos y cineastas para dar vida a sus historias, yo me encaminé al teatro con la idea preconcebida de que ésta iba a ser una historia más en la que, por supuesto, iba a soltar alguna lagrimilla. Cuál fue mi sorpresa cuando ya desde el comienzo de la función, la actriz Inma González, a través del recurso del monólogo y mediante una constante ruptura de la cuarta pared teatral, se dirigió al público para contarnos una historia en la que no faltó el humor.

Basada en hechos reales, la intérprete nos transporta al pasado gracias a las vivencias de su abuelo, Manuel Díaz Barranco, desde que él, chiquillo de 15 años fue deportado, al igual que tantos otros españoles, al campo de concentración nazi Mauthausen. Durante la hora y cuarto que dura la función, el espectador entra en los horrores que se vivieron en la época del nazismo y en cómo, a pesar de eso, se destaca la importancia de la actitud personal, de la humanidad entre los compañeros y la necesidad del humor para poder sobrevivir ante las circunstancias de aquel momento.

Desde el principio de la obra llama la atención la forma en que se narran los hechos, ya que se busca informar al espectador de lo acontecido sin ningún tipo de adorno lacrimógeno. Sin embargo, es inevitable, dada la organicidad de la actriz, sentirse identificado con lo que allí se está mostrando, por lo que la empatía con lo vivido por Manuel Díaz se extiende al público; hecho que se nota en la atmósfera que se crea ante afirmaciones tan contundentes del personaje como “No cambio nada de lo que me ha pasado”. A través del cuerpo de su nieta, Manuel nos cuenta cómo fue su huida a nado a Gibraltar, sus experiencias posteriores en Francia, en los campos de concentración, su trabajo en las canteras, cómo tuvo que comer productos llenos de gusanos o las vivencias de ver a tus compañeros desaparecer, todo ello contado desde un punto que, aunque parezca mentira, no está basado en el dramatismo.

La interpretación de Inma es soberbia, siendo capaz de pasar de la emoción del recuerdo al momento cómico posterior sin perder ni un momento el personaje al que da vida. Tan es así, que la intérprete tuvo que salir a saludar hasta cuatro veces ante los gritos de bravo que llenaban la sala, con todo un público en pie mientras terminaba de secarse las lágrimas.

El espacio escénico, diseñado por Pilar G. Almansa e Inma González, no se queda atrás en el nivel de excelencia, ya que, aunque es sencillo, realiza a la perfección su función. Con un conjunto de botas, un par de postes con alambre y una escalera que hace a la par de cama, de tienda de campaña, de horno o de lo que la escena requiera. Destacables son, también, la música, la iluminación y el vestuario, muy acorde a lo que la escena está mostrando.

Es desde luego, un montaje hecho desde el corazón que deja reflexiones tan potentes cómo: ¿Para qué sirvió la guerra?, pregunta que se realiza de forma directa al público y cuya respuesta fue, estoy segura, similar para todos los que allí acabábamos de realizar el viaje por la vida de Manuel Díaz Barranco.

Mauthausen. La voz de mi abuelo, que cuenta con varias nominaciones en la XXII edición de los premios Max: Mejor espectáculo revelación y mejor autoría revelación, se representa en Nave 73, calle Palos de la Frontera 5, los domingos 24 de febrero, 3, 10, 17 y 24 de marzo a las 19:00 horas.