Mortdecai, arte sin gracia

150410_mortdecaiJavier García García. Madrid, 10/04/2015

David Koepp lleva veinticinco años demostrando sobradamente su enorme valía como guionista. Ahí están, entre otras, Parque jurásico, Misión imposible, Spider-Man o esa auténtica joya que dirigió Brian de Palma en 1993, Carlito’s way, sin duda una de las mejores películas realizadas en esa década.

Sus guiones han recaudado miles de millones de dólares en las taquillas de todo el mundo, por lo que no son de extrañar las exorbitantes cantidades que cobra por su trabajo (4 000 000 $ por La habitación del pánico).

Sin embargo, Koepp arrastra un problema: no se conforma con escribir, sino que también dirige. Y como director no alcanza, ni de lejos, la calidad y profundidad que atesora como guionista. Esto queda ratificado en Mortdecai, su última película y la primera en cuya escritura no participa, una auténtica sucesión de sandeces inconexas e incoherentes que parece haber sido concebida por un principiante. Su ramplón argumento gira en torno a un marchante de arte que se pasea, involuntariamente, por diversos países siguiendo el rastro de un cuadro de Goya que esconde un misterioso secreto.

Es cierto que a lo largo de su desarrollo se puede encontrar algún que otro momento –muy aislado– francamente divertido, pero esto no resulta suficiente en una película premeditadamente concebida para desternillar al espectador.

Desafortunadamente, el reparto no se desmarca de la mediocridad de la trama en particular y de la película en general. Viendo la botella medio llena, se puede afirmar que actores tan talentosos como Johnny Depp o Paul Bettany solo podrán ir a mejor tras su aparición en este film. Únicamente la presencia de una garbosa Gwyneth Paltrow arroja algo de luz en medio de tanta simpleza.

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