Nightcrawler, el vampiro camarógrafo

Cartel de nightcrawlerJuan Rubio de Olazabal. Madrid, 03/02/2015.

Existen muchas clases de depredadores nocturnos: ladrones, violadores, asesinos…  Nightcrawler se revela como un minucioso informe psicológico de una subespecie urbana que se alimenta de todas las demás: los reporteros ‘freelance’ de sucesos.

El inteligente guión de Dan Gilroy y la brillante composición de Jake Gyllenhaal logran arrastrarnos a un viaje fascinante por las cloacas del periodismo sensacionalista.

La premisa de una mente perturbada sedienta de atención y de reconocimiento que descubre una vía fácil para trepar podría explotarle en las manos a cualquiera. Gilroy, sin embargo, lejos de caer en excesos, huye del efectismo y se esfuerza por escarbar con cuidado en la patología de un auténtico vampiro de las autopistas. La gradualidad de la degeneración moral y psicológica de Louis Bloom está esculpida en una estructura sólida y sin grietas.

Gyllenhaal, por su parte, está pletórico. Los pómulos salientes, el rostro enjuto y la melena repeinada le permiten adoptar los rasgos reptilianos de una criatura que, como dice el título de la película, se arrastra por las desgracias ajenas para chuparle el último aliento de dignidad al prójimo y servirlo en los televisores a la hora del desayuno. Bloom no puede clavarte los colmillos, pero su cámara succiona con la avidez de una víbora.

El referente de Taxi Driver asoma en el reflejo del retrovisor desde el primer volantazo. Esta comparativa alumbra, quizás, el único defecto reprochable a Nightcrawler. Mientras la película de Scorsese y Schrader consigue asomarnos en su catártico tramo final a las legítimas inquietudes que se esconden tras la locura de Travis Bickle, la humanidad de Bloom nunca queda desvelada.

Fotograma de Nightcrawler

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here