Phoenix, un triste renacer

180920.jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxxJavier García García. Madrid, 04/06/2015.

Viendo el nuevo trabajo de Christian Petzold, resultaría lo más natural del mundo que a cualquier espectador que le guste el cine clásico le recuerde a la genial La senda tenebrosa (Dark passage, 1947), dirigida por el maestro Delmer Daves. En ambas películas, sus respectivos protagonistas –Humphrey Bogart y Nina Hoss– sufren una complicada cirugía facial que cambia para siempre sus vidas.

Irreprochable desde el punto de vista técnico e interpretativo, la película de Petzold, sin embargo, adolece de una lentitud abrumadora. Todo lo que se nos cuenta sucede con una despaciosidad irritante, lo que contrasta profundamente con la turbación y sufrimiento interior de Nelly (la ya mencionada y fantástica Nina Hoss, actriz fetiche de este director alemán).

Otro punto que no favorece a la película es el total desperdicio de los actores secundarios, y muy especialmente de Nina Kunzendorf, que en el primer tercio del metraje da la impresión de que tendrá un papel fundamental en el desarrollo de la historia. Desafortunadamente, su presencia se disuelve como un azucarillo hasta un punto en el que su desaparición resulta del todo decepcionante.

Una pena, porque la trama se revela como muy atractiva: una superviviente judía de un campo de concentración regresa a su ciudad con la cara desfigurada. Allí intentará recuperar a su marido, del que sospecha que, quizás, la traicionó para salvar su propio pellejo. Ambos se reencuentran, pero en circunstancias muy especiales.