“Sólo el fin del mundo”, lo irreparable

solo-el-fin-del-mundo-cartelDiego García. Madrid, 06/01/2017

Para comenzar el año, nos llega desde Canadá el estreno de una compleja y dura película. El jovencísimo y no menos controvertido Xavier Dolan nos entrega Sólo el fin del mundo, basada en la obra del dramaturgo Jean-Luc Lagarce. Y el director de Montréal, autor de valientes obras como Los amores imaginarios (2010) o Mummy (2014), efectivamente vuelve a no dejar a nadie indiferente.

Louis-Jean Knipper (Gaspard Ulliel) es un escritor que lleva más de una década lejos de casa. Cuando le es diagnosticada una grave enfermedad que no le permitirá vivir mucho más, decide regresar con la intención de ver a su familia y contarles lo que le ocurre. Allí no sólo se dará de cara con la vida que abandonó, sino que comprobará el efecto que su marcha dejó por ejemplo en su hermana Suzanne (una excelente Léa Seydoux) o su madre (Nathalie Baye). La reunión familiar poco a poco se va convirtiendo en toda una lección de vida, quién sabe si la última, para un personaje protagonista que comprenderá muchas de las cosas que se ha ido perdiendo todos estos años.

El espectador, antes de entrar a ver una película como ésta, debe ser conocedor de lo peculiar que es la mente y la forma de expresarse de Dolan. Sabiendo y aceptando ya que la cinta no va a ser sencilla de digerir, Sólo el fin del mundo puede llegar a ser realmente disfrutable. Lo malo es que también puede hacerse caótica y hasta cierto punto pretenciosa, pero en ese caso siempre quedará el consuelo de poder disfrutar de unas interpretaciones (con la obligatoria mención de Marion Cotillard y Vincent Cassel) que seguramente estén por encima del nivel de la historia.