Una segunda oportunidad, nadie es mejor que nadie

Una segunda oportunidad, nadie es mejor que nadie

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image121-e1441691806498Cynthia Bagué. Madrid, 11/09/2015.

¿Quiénes somos para creernos mejores que los demás? Este es el sabor de boca con el que nos deja Una segunda oportunidad, una impecable pieza de la directora danesa y ganadora de un Oscar Susanne Bier. Un drama con tintes de thriller y novela policíaca en las que se entremezclan situaciones extremas que pondrán al límite a sus protagonistas. La paternidad es el otro gran protagonista de este filme, ahondando en cuestiones como el planteamiento del bien y del mal, y de lo lejos que el entendimiento subjetivo de estos dos puede llevarnos. Dos parejas y dos bebés marcan el tempo de esta película que, aunque no ha sido aclamada por la crítica comercial, se proclama como una de esas obras que no llegan a los grandes circuitos pero no pasan desapercibidas por los amantes del buen cine y los buenos guiones.

Nikolaj Coster-Waldau cambia la espada de los Lannister por la pistola de policía danés y se convierte en Andreas, un hombre justo al que, junto con su desconcertante y melancolica esposa Anna, la paternidad ha pillado por sorpresa. Aún así, el pequeño Alexander lo es todo para la pareja, y en cuanto una supuesta muerte súbita les arrebata a su primogénito y sumerge a su mujer en una peligrosa depresión, su historia se entrelaza con la de Tristan y Sanne, una malograda pareja de drogadictos que se encuentran en la misma situación: siendo padres por primera vez, pero en este caso de un niño al que apenas miran y mucho menos atienden, y que nos proporciona alguna de la escenas más duras de presenciar de la película. Completa el reparto el personaje de Simon –interpretado por Ulrich Thomsen-, compañero de Andreas y padre divorciado que malvive en un pequeño apartamento de la ciudad, maldiciendo la vida familiar que le ha sido arrebatada, y entregándose a los vicios y la corrupción como única vía de escape a sus pensamientos.

Esta es una de esas películas en la que todos los personajes tienen algo de razón –excepto quizás en el caso de Tristán-, donde se llega a empatizar con los motivos que han impulsado las decisiones que cada uno de ellos toma en el desarrollo de la historia. Y quizás ello convierte el final en algo todavía más emotivo y sorprendente.

Con un excelente trabajo actoral, el siempre eficiente y bien ejecutado cine danés vuelve a dar en el clavo con una historia dura, honesta y un tanto descorazonadora. Una segunda oportunidad es una película llena de detalles, con una perfecta ejecución y un leitmotiv que no dejará a ningún espectador indiferente.

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Redacción
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