“Unamuno: Venceréis Pero No Convenceréis” en el Teatro de La Abadía

Madrid. Hasta el próximo 4 de marzo, el Teatro de la Abadía propone en cartelera el espectáculo “Unamuno: Venceréis Pero No Convenceréis”, protagonizado por el actor, director de escena y miembro de la RAE José Luis Gómez.

Es en esencia un monólogo intimista que pretende dar voz al escritor y poeta Miguel de Unamuno. El hombre, bilbaíno de origen y rector de la Universidad de Salamanca, exponente de la Generación del 98 y republicano, se atrevió a expresar, en un primer momento, su beneplácito a la sublevación militar tramada por Franco en África, para luego arrepentirse.

“Venceréis pero no convenceréis” es la frase que pronunció en el discurso del 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, para clarificar su postura y denunciar las barbaries cometidas por las tropas franquistas.

La contradicción es una de las claves de esta obra, que nace de un trabajo cuidadoso sobre los documentos históricos y literarios. La  pretensión es reflexionar sobre los fundamentos mismos del concepto de “memoria histórica”. Existe una “Historia” oficial, que representa la interpretación más o menos unívoca de lo ocurrido, y una “Memoria” que es subjetiva, variable, compleja y que evoca los puntos de vista personales de los que viven en su presente el desenvolverse de los acontecimientos.

Otra de las claves es el diálogo entre la España del presente y la del pasado. Sorprende como algunos de los discursos de Unamuno sobre política y cuestiones territoriales parecen escritos para el público del 2018. Un público que se mira al espejo durante toda la función, así como lo hace el mismo José Luis Gómez que representa, a la vez, a un hombre de teatro que quiere interpretar a Unamuno y al mismo Miguel de Unamuno, cuya sombra vive más allá del espejo.

La puesta en escena, mérito del codirector Carl Fillion, es uno de los elementos más impactantes del espectáculo: consigue, con sencillez y eficacia, representar las ambivalencias, el conflicto y la consiguiente catarsis, contribuyendo a acercar el espectador a una figura de enorme sensibilidad que fue (y podría seguir siendo) conciencia crítica de la sociedad y cultura española.