«Venidos a menos», algo más que políticamente incorrecto

Lara Padilla. Madrid, 19/03/2013.

Tras cinco meses de trabajo conjunto y algunos previos privados, David Ordinas y Pablo Puyol presentaron oficialmente «Venidos a menos» el pasado domingo en la sala Joy Eslava de Madrid.

A partir de la necesidad que ambos autores tenían de crear y expresarse, surgió la idea de escribir un espectáculo donde pudieran dar rienda suelta a su ingenio e imaginación. Todo este esfuerzo ha tenido como consecuencia la composición de una docena de temas originales a través de los cuales ambos pretenden mitigar la seriedad que determinadas cuestiones suelen generar en la sociedad valiéndose únicamente del humor.

Tratando temas tan controvertidos como el sexo, la homosexualidad, la religión, la corrupción e incluso la pederastia, los dos creadores del proyecto se han atrevido con todo y, como bien anunciaron en anteriores ocasiones, no dejan títere con cabeza pero, aclaran, sin ánimo de ofender a nadie.

Aunque una de las razones principales para asistir al espectáculo sea el propio carisma de ambos componentes, la función en sí tiene muchos alicientes para que se le conceda un hueco en cualquier agenda. Es la oportunidad perfecta para pasar un buen rato, reírse con esa particular forma de humor y darle, en definitiva, otra perspectiva a esos aspectos que, en general, suelen incomodar.

Si bien los mejores momentos son los más espontáneos, la interacción con el público y números como «The house of God», «Las sevillanas del acto» o el popular sencillo «Pablo Puyol es gay» arrancan sinceras carcajadas de los espectadores.

Acompañados en el escenario exclusivamente por un cajón flamenco y su guitarra acústica, los dos protagonistas se ayudan de un humilde atrezo y algunos efectos de sonido e iluminación para contar todo aquello que quieren evidenciar ante los asistentes. Toda esta puesta en escena crea una atmósfera de cercanía y proximidad ante un público que se presenta con ánimo tolerante y ganas de pasar una entretenida velada.

Pese a lo irreverente de sus letras y la arriesgada elección de contenido, no resulta un espectáculo excesivamente agresivo gracias a la naturalidad y desenfado con el que se trata. No obstante, es necesario advertir que no es una función apta para un público sensible o impresionable.