Victor Vasarely en el Museo Thyssen

Victor Vasarely. Feny, 1973. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza (detalle).

Madrid. El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta, hasta el 9 de septiembre de 2018, una exposición monográfica sobre Victor Vasarely (1906-1997), considerado el  padre del movimiento Op Art.

La exposición ofrece una visión completa de la obra del artista de origen húngaro, afincado en Francia durante buena parte de su vida. En la muestra están representadas las principales fases de su evolución artística. Sus trabajos más populares son aquellos realizados a partir de la década de los 60, caracterizados por seguir la línea vanguardista de la abstracción geométrica.

El recorrido se abre, de hecho, con una de sus series más emblemáticas, “Estructuras Vega”, homenaje a la estrella más luminosa del hemisferio Norte, e inspirada en los descubrimientos científicos acerca de las deformaciones en retículas de dos dimensiones, capaces de generar la ilusión óptica de un paisaje tridimensional.

Vasarely llamaba a su estilo como Arte Cinético precisamente porque aspiraba a crear, sobre un plano, la ilusión de movimiento en el tiempo, gracias a la percepción activa de la retina humana. De tal manera, llegó a calificar de Op Art (Optical Art) a toda obra “que se modifique durante el acto perceptivo del espectador”.

Según el artista, este nuevo arte era una revolución aun mayor que el propio cubismo, puesto que ofrecía, por primera vez desde el Renacimiento, la fusión de las dos “expresiones creativas del ser humano: las artes y las ciencias”.

Los resultados de sus experimentos no servían para crear piezas únicas, sino para ser reproducibles mecánicamente e integrarse en la estética del entorno cotidiano y de los objetos de uso común. En este aspecto, Vasarely tenía una posición muy cercana a la de Warhol y del Pop Art. Por eso se dedicó, a lo largo de su vida, a proyectos multidisciplinarios que combinaban arte con técnicas industriales de reproducción (como la serigrafía y la tapicería) o con la arquitectura y la urbanística: proyectos como “Ciudad Polícroma” de 1956 nacieron de la voluntad de fomentar entre las masas una mayor sensibilidad estética, fuera de los espacios del arte canónico e institucional.