Ayo Edebiri y Don Cheadle protagonizan «Proof», la obra de David Auburn ganadora del Pulitzer y el Tony que, en este 2026, regresa a Broadway bajo la dirección de Thomas Kail.
En «Proof» convergen tres temas que enriquecen la obra como un tapiz flamenco. Robert es un genio matemático carcomido por la esquizofrenia que pasa los últimos días de su vida encerrado en su casa de Chicago, incapaz de trabajar o de valerse por sí mismo. Catherine es la hija abnegada que deja sus estudios universitarios para cuidar de su padre. De él ha heredado una mente brillante y el dominio de las matemáticas; por eso, tras su muerte, se queda sin brújula, corroída por el miedo a terminar enferma e incapacitada. La relación entre las hermanas (Catherine y Claire) es explosiva. La que se quedó y la que se marchó. La que se desvivió por los cuidados del padre y la que pagó las facturas. La que necesita tiempo para procesar el duelo y la que quiere zanjar el proceso lo antes posible.
La obra se desarrolla en el jardín trasero de la casa familiar en Chicago. El escenario (obra de Teresa L. Williams) es único, acogedor e íntimo. Son los personajes los que van ocupando el espacio y utilizando cada rincón para afrontar conversaciones difíciles, teñidas a veces de cinismo, otras de pasión y, a menudo, de crudeza.

Ayo Edebiri (ganadora del Emmy y del Globo de Oro por su papel en «The Bear») encarna con brillantez a Catherine, un personaje complejo que en dos horas experimenta una amplia gama de emociones. El abanico incluye la depresión tras la pérdida de su progenitor y el enamoramiento de uno de sus discípulos; el sarcasmo contra su hermana y la pasión por las matemáticas; la decepción por sentirse traicionada y la necesidad de conexión con el otro, así como el miedo y la esperanza sobre su futuro. Como Annie Ernaux en «Una mujer» y muchas otras hijas que tuvieron que detener sus vidas para invertir los papeles y cuidar de sus padres, Catherine se siente perdida tras el luto. ¿Cuál es su verdadera identidad ahora que ha extraviado su propósito? ¿Tiene derecho a perseguir sus propios proyectos o sueños? ¿Estará destinada a terminar con una enfermedad mental como su padre?
El papel interpretado con gran sensibilidad por Don Cheadle (nominado al Oscar a mejor actor por «Hotel Rwanda»), es breve pero crucial. Robert, ese extraordinario matemático capaz de inspirar la adoración de sus hijas y alumnos por igual, transita también por la paranoia y los episodios de esquizofrenia. El concepto del genio atormentado por la enfermedad mental —explorado también en «Una mente maravillosa»— resulta sugerente porque plantea la idea de que no se puede tener todo: como si una capacidad intelectual extraordinaria condenase irremediablemente a poseer un cerebro enfermo. Una «maldición» que en la obra amenaza con alcanzar a la siguiente generación de manera impredecible.
Al igual que Catherine, el protagonista de «El indomable Will Hunting» es un prodigio marcado por el trauma. Ambos parecen ser los únicos capaces de resolver problemas matemáticos imposibles mientras se debaten entre la rabia, el dolor y el cinismo. Ni Catherine ni Will saben cómo relacionarse en el amor: el duelo y los mecanismos de autoprotección les impiden abrirse al otro. Y, sin embargo, ese será el arco de ambos personajes: perder el miedo y dar una oportunidad a alguien que confía en ellos. En la obra de David Auburn, Hal (Jin Ha, conocido por su papel en «Pachinko») es el encargado de aligerar el tono, de hacernos reír con su ingenuidad y conmovernos con su admiración hacia Robert y su amor hacia Catherine. Es el contrapunto necesario que aporta dinamismo y calidez al drama.
Como exalumno de la Universidad de Chicago, David Auburn absorbió la atmósfera del barrio de Hyde Park, dotando a la obra de una textura muy realista. Es el mismo sentido del lugar que impregna el Princeton de «Una mente maravillosa» o el Harvard de «El indomable Will Hunting».

Los diálogos entre Catherine y su hermana Claire (Kara Young) escuecen como el primer sorbo de limonada sobre una lengua mordida. Claire se muestra conciliadora, resolutiva; Catherine le responde con sarcasmo y burla. Pronto descubriremos que ambas actitudes son solo una fachada que esconde cómo cada una procesa la pérdida. Mientras Catherine está atormentada y sin rumbo, Claire necesita zanjar el duelo cuanto antes, solucionar los flecos pendientes y no volver a mirar atrás. Al igual que en «La habitación de Marvin», las hermanas resienten no haber tenido la vida de la otra: Claire huyó a Nueva York para labrarse una carrera —manteniendo el vínculo solo a través de las facturas—, mientras Catherine veía su juventud estancarse al cuidado de un padre enfermo. Los conflictos familiares escalan de tal forma que ni siquiera la brillante Catherine, experta en las fórmulas más complejas, es capaz de resolver la ecuación. Kara Young —quien hizo historia como la primera intérprete negra en encadenar cuatro nominaciones consecutivas al Tony por su papel en la obra de Broadway «Purpose»— dota a Claire de una humanidad punzante.
La apuesta de Thomas Kail (director de «Hamilton») por alejarse de las versiones previas y presentar un elenco íntegramente negro no es solo un gesto de representatividad; es un acierto artístico rotundo. Esta decisión aporta una nueva profundidad a la obra de Auburn y demuestra que el talento, cuando se le abren las puertas de Broadway, tiene el poder de revitalizar los clásicos y atraer a un público más diverso y vibrante al teatro. La obra está disponible en el Teatro Booth hasta el 19 de julio.




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